jueves, 5 de marzo de 2026

El 8 de Marzo en México: Marchas, Rosas y el Pulso del Trabajo Social

Imagina cualquier ciudad de México un 8 de marzo: calles teñidas de morado, mujeres con pañuelos al cuello gritando consignas contra la violencia, y al fondo, vendedores ambulantes con rosas rojas a precio de ganga. No es solo un día de flores y discursos. En México, el Día Internacional de la Mujer se convierte en espejo de luchas que no empiezan ni terminan esa fecha, donde el trabajo social aparece en las aceras y en los refugios, no en los titulares. La fecha tiene sus raíces en las protestas obreras de 1910 en Estados Unidos y Europa, pero acá aterrizó con otras urgencias: el machismo metido en los huesos, feminicidios que según datos oficiales de 2025 llegan a 10 diarios, y una brecha de género que sigue pesando demasiado.

En la capital, el Zócalo se vuelve epicentro. Cada año miles marchan desde la Glorieta de las Mujeres que Luchan (Paseo de la Reforma) hasta el Zócalo. Entre los gritos de consigna "¡Alto a los feminicidios!", "¡Presentación con vida de las desaparecidas!", de las mareas de colores morados, verdes y puños en alto destacan las madres cargando fotos de hijas desaparecidas, con carteles hechos a mano: "Ni una menos". No hay nada de show en eso.

Hay grupos de activistas —muchas de ellas trabajadoras sociales— arman talleres gratuitos sobre derechos laborales. El año pasado, bajo un sol sin misericordia, una coordinadora de albergue contó cómo atienden a 50 mujeres por semana, mujeres huyendo de parejas que las golpean. "Aquí no solo damos cama; enseñamos a reconstruir vidas", dijo mientras repartía folletos con números de emergencia. Eso se me quedó grabado.

El trabajo social está en el centro de todo esto, aunque no siempre salga en las fotos. En México, el 8 de marzo sirve para hacer visible lo que ya existe: organizaciones como el DIF estatal o colectivos independientes aprovechan el momento para mostrar sus programas de capacitación en oficios para madres solteras, terapias grupales para sobrevivientes de abuso, campañas contra el acoso en las maquiladoras del Bajío. Un reporte de ONU Mujeres de 2025 dice que el 40% de las mexicanas ha sufrido violencia. Eso no es estadística abstracta; es el trabajo diario de quienes operan las "casas de la mujer" en todo el país, espacios donde psicóloga, abogado y nutrióloga se juntan para armar un plan de vida personalizado. No es teoría de libro: es cuando una mujer aprende a manejar un presupuesto propio por primera vez.

Tampoco todo funciona. Las marchas a veces se complican —vidrios rotos en Reforma y grafitti en monumentos, por ejemplo— y los gobiernos responden con promesas que se evaporan. López Obrador impulsó leyes contra la violencia durante su sexenio, pero la aplicación falló: en algunos estados recortaron hasta el 70% del presupuesto destinado a eso. Con todo, el día genera cosas concretas. En mi barrio, una trabajadora social armó un grupo de apoyo después de la pandemia; hoy 20 mujeres se reúnen cada quince días a compartir desde cómo negociar un salario hasta cómo levantar una denuncia contra un jefe abusivo. Un divorcio ganado, un trabajo estable conseguido: esas son las victorias que importan, aunque no llenen portadas.

Afuera, el 8 de marzo pide paridad. Acá exige sobrevivencia. Y entre esas dos demandas, el trabajo social encuentra su lugar: no en los paneles elegantes sino en los refugios, en las plazas, en los grupos de WhatsApp que avisan cuándo hay turno en la caja de ahorro. Se está ganando terreno, sí, pero a paso a paso y con las manos bien metidas en el problema.

 


martes, 10 de febrero de 2026

Alegría con condiciones: cuando el cerebro exige lo básico

El bienestar emocional no es una condición fija ni definitiva: tanto la alegría como la tristeza forman parte del devenir humano y pueden transformarse a lo largo del tiempo. Reconocer esto es fundamental, porque nos recuerda que las personas siempre conservan capacidad de cambio, incluso en contextos adversos.
 

Es cierto que nuestro organismo responde con sustancias como la dopamina, la serotonina, la oxitocina o las endorfinas cuando experimentamos momentos de bienestar. Pero es crucial no reducir la felicidad a una mera reacción química. Esas respuestas cerebrales suelen activarse cuando logramos satisfacer necesidades básicas: tener acceso a alimento digno, sentirnos seguros en nuestro entorno, o contar con redes de apoyo genuinas. Y justamente ahí radica el desafío: muchas personas enfrentan barreras estructurales —pobreza, violencia, aislamiento social— que dificultan el acceso cotidiano a esas condiciones mínimas de bienestar.
 

Por eso, acompañar procesos de fortalecimiento emocional implica mucho más que "pensar en positivo". Requiere trabajar en múltiples niveles: favorecer entornos protectores, tejer redes comunitarias, garantizar derechos básicos y, al mismo tiempo, reconocer la agencia de cada persona para identificar sus propias fuentes de sentido y conexión.
 

Cuando logramos articular esas dimensiones —individual, relacional y social—, sí es posible cultivar cotidianamente emociones como la alegría, la satisfacción y la confianza. No como un estado permanente ni obligatorio, sino como experiencias genuinas que florecen cuando las condiciones de vida lo permiten y cuando contamos con el acompañamiento necesario para transitarlas.

martes, 3 de febrero de 2026

Crónica de un Fracaso Anunciado: de cómo todos mis buenos propósitos se fueron al carajo (Enero)

Un diario semana a semana 

Prólogo: 31 de diciembre 11:45 P.M.

La fiesta estaba llegando a su punto máximo, la llegada del año nuevo. Las uvas estaban listas, la botella de champán (en realidad vino espumosos nacional, eso si, del bueno) se enfriaba elegantemente en la cubeta, y yo, en un momento de claridad absoluta (probablemente inducida por el exceso de ponche), tomé una libreta y empecé a escribir la lista. Sí, “LA LISTA”. La que cambiaría mi vida para siempre.

Ahí estaba yo, escribiendo como si estuviera escribiendo la Constitución de mi nueva y mejorada existencia:

  • 🏋️ Ir al gimnasio 5 veces por semana

  • 📚 Leer 1 libro cada semana

  • 🥗 Comer saludable (adiós comida chatarra)

  • 🇫🇷 Aprender francés con Duolingo (30 min diarios)

  • 🎸 Por fin aprender a tocar la guitarra

  • 💰 Ahorrar el 30% de mi sueldo

  • 📵 Reducir el tiempo en redes sociales

  • 😴 Dormir 8 horas diarias

  • 💧 Tomar 2 litros de agua al día

"Este año SÍ", me dije a mí mismo mientras cerraba mi puño con fuerza y masticaba la última uva de la medianoche. "Este año va a ser diferente."

Spoiler: ¡No fue diferente!



ENERO: La Luna de Miel de mi Autodisciplina

Semana 1: "Soy imparable"

Los primeros siete días fueron gloriosos. Me desperté a las 6 AM (¡las 6 AM!) con una energía que no sabía que existía. Fui al gimnasio todos los días. TODOS LOS DÍAS. Llegué a casa adolorido pero victorioso, como un gladiador romano después de ganar en el Coliseo.

  • Gasté $4,500 pesos en membresía del gimnasio, ese que tiene alberca y jacuzzi (porque seguramente iba a ser necesario).

  • Outfit completo de gimnasio (si no me veo atlético, ¿realmente estoy haciendo ejercicio?)

  • Proteína en polvo sabor "fresas con crema" pero que sabe a aserrín endulzado

  • Una guitarra acústica "para principiantes" (que costó más que la renta de un mes)

  • Duolingo Premium (porque la versión gratuita es para noños)

  • 52 libros en Amazon (lectura de todo el año, aquí voy)

  • Un Kindle (para "optimizar" mi lectura)

  • Un libro de finanzas personales sobre cómo no gastar dinero (ironía nivel experto)

Duolingo me mandaba notificaciones: "¡Racha de 7 días! ¡Felicidades!" El búho verde estaba orgulloso de mí, me sonreía feliz. Yo estaba orgulloso de mí.

Semana 2: "Bueno, esto es más difícil de lo que pensaba"

La alarma de las 6 AM empezó a sonar diferente. ¡Esa alarma! Más molesta. Más agresiva. Más... “Alarma jija de su...”. ¿Quién demonios decidió que las 6 AM era una hora razonable para despertar?

Seguí yendo al gimnasio, pero ya no 5 veces. Fueron 4. "Está bien", y me convencí a mi mismo, "Mimismo no se te olvide que el descanso también es muy importante". Lo leí en algún lado y… pues le hice caso.

La ensalada salida del Tupper empezó a saber sospechosamente similar a la tristeza. Las hojas de lechuga parecían verme seriamente y juzgarme. "¿En serio vas a seguir con esto?", susurraban mientras las masticaba sin ningún ánimo.

Intenté tocar la guitarra 15 minutos antes de dormir. Mis dedos gritaban de dolor. Los vecinos también gritaban, pero por diferentes razones. Mi versión de "Wonderwall" sonaba más a una cancion de mal regaeton.e

Duolingo seguía ahí, fiel. "¡Racha de 14 días!" Me enviaba el búho. Ya empezaba a notar un tono amenazante en sus notificaciones.

Semana 3: "Las excusas hacen su entrada triunfal"

Lunes: Fui al gimnasio. Pero solo 45 minutos porque "tenía mucho trabajo".

Martes: No fui. Llovió. Como si el universo me estuviera diciendo: "Quédate en casa, campeón. Te lo mereces."

Miércoles: Desperté con un dolor en el cuello que definitivamente NO tenía nada que ver con haber dormido en mala posición después de un maratón de 4 horas de Netflix. Era claramente una lesión deportiva que requería reposo absoluto.

Jueves: "Hoy sí voy". No fui. Hacía frío.

Viernes: Decidí que los viernes son sagrados. Día de descanso. Como en el gimnasio. O en la Biblia. No recuerdo bien, pero definitivamente es una tradición milenaria.

La guitarra estaba juntando polvo. Los libros del Kindle seguían en 5% de progreso. La proteína sabor fresas con crema seguía sabiendo a aserrín, pero ahora con un sabor amargo… a resentimiento.

El búho de Duolingo dejó de ser amigable. Sus notificaciones ya no decían "¡Practica francés!". Ahora decían cosas como "Sabes lo que pasa cuando rompes tu racha, ¿verdad?" y "Sé dónde vives y sé lo que haces". Ok, tal vez exagero, pero el tono definitivamente cambió y juro que me veía “feo”.

Semana 4: "La renegociación de términos"

A finales de enero, tuve una conversación muy seria conmigo mismo. Una conversación adulta. Madura. Responsable.

"Ok", me dije frente al espejo después de desayunar tres donas, "quizás 5 veces al gimnasio era... ambicioso. ¿Qué tal 3 veces? 3 es un número mágico. La santísima trinidad. Los tres mosqueteros. Las tres carabelas de Colón."

La lista revisada quedó así:

  • 🏋️ Gimnasio 3 veces por semana (era 5)

  • 📚 Leer 1 libro al mes (era 1 por semana)

  • 🥗 Comer saludable de lunes a viernes (fines de semana son zona libre)

  • 🇫🇷 Duolingo... cuando tenga tiempo

  • 🎸 Guitarra... eventualmente

  • 💰 Ahorrar... algo

  • 📵 Redes sociales... ok, esta ya ni la intento

  • 😴 Dormir... las horas que salgan

"Esto es más realista", pensé. "Es sostenible... Es una maratón, no una carrera."

Spoiler #2: Tampoco cumplí con esta versión.

Continuará...