La escena del crimen:
El vecino problemático:
Te dice tu tía, esa que solo ves una vez al año, "Tengo un vecino que grita todo el día, creo que maltrata a su perro/esposa/planta/hijos/otro vecino/ o lo que se le ocurra. ¿Qué hago?" dice ella con cara de estar esperando una respuesta que le de descanso a su conciencia.
Tu familia se te queda viendo en silencio y ni siquiera parpadean, en espera de que saques un formulario mágico de intervención familiar de tu bolsillo. Lo que no saben es que tu respuesta profesional real sería: "Tía llama al 911" o "Eso no es parte de mi jurisdicción", pero como es la tía Marta, terminas dando un mini taller de 20 minutos sobre límites vecinales. (tu comida ya se enfrío)
El primo que "necesita ayuda":
Tu mamá te arrastra a la cocina y te dice en voz baja como si estuvieras en un funeral: "Habla con tu primo Javier, está muy raro últimamente, se pasa todo el día en su cuarto".¿Qué espera? ¿Qué hagas una intervención psicosocial entre el pavo y el postre? Pero si Javier tiene 15 años y simplemente está siendo un adolescente normal, pero tu familia cree que necesita "terapia urgente" porque usa ropa negra. Y para eso quien mejor que tú.
El caso legal que no es tu área:
"Mi cuñado tiene un problema con Hacienda, ¿tú sabes de eso?"
-No, tía. Estudié trabajo social, no derecho tributario.
-Ah, no importa pero si tú eres un licenciado y has estudiado y seguramente conoces esto… Uff! igual terminas escuchando 30 minutos sobre facturas y deducciones mientras tu comida se enfría.
Frases que has dicho (y te arrepientes y mucho!):
- "Bueno, depende del contexto..." (Error. Nunca digas esto. Ahora te contarán TODO, sí, tooodooo el contexto, desde 1987)
- "No soy psicólogo, pero..." (Ya valío, en ese momento ya te hicieron el test de Rorschach con las manchas del mantel)
- "¿Has intentado comunicarte con él/ella?" (Claro, porque en 40 años de familia nadie pensó en HABLAR)
Pero lo que realmente quieres decir:
"Mira tía, mi tarifa por consulta es de 1000 pesos y ya con el descuento a familiares y por supuesto acepto transferencias y pago con tarjeta", mientras en tu imaginación sacas tu terminal para que la vean.Pero en vez de eso sonríes y dices: "Es complicado, quizás deberían buscar ayuda profesional" mientras piensas en tu propio estrés y en que TÚ también necesitas urgentemente terapia después de estas cenas, eso si, con un profesional del ramo.
El final inesperado:
Lo mejor es cuando tu propia familia ignora TODOS tus consejos profesionales reales, pero luego le hacen caso al vecino que vio un artículo en internet, en tiktok o facebook. Ahí es cuando realmente cuestionas tu vocación.
Pero no te preocupes, existen soluciones.
Cómo sobrevivir a esos momentos incómodos:
1. "Hoy no estoy trabajando, déjame disfrutar la cena" (funciona el 2% de las veces mientras te ven feo y piensan que eres un pesado)
2. Asentir mientras masticas muy lentamente y ocasionalmente dejar salir un ¡Ah! Sin afirmar o negar.e
3. Redirigir la situación: "¿Y ese pastel casero? Se ve delicioso..." ¿Quién lo hizo?, dónde lo compraron, me podrían dar la receta?, etc.etc.etc.
4. La honestidad brutal: "Tía, estoy muy cansado y vine a comer, no a trabajar gratis" (lo más sincero que puedes hacer aunque le caigas "gordo" y no te dirija la palabra durante un tiempo)
Aunque en realidad:
Sabes que vendrás a la próxima cena. Sabes que volverá a pasar. Porque en el fondo, aunque te quejes, una pequeña parte de ti se siente útil... hasta que tu prima te interrumpe para preguntarle si su gato necesita "terapia de juego" porque ya no caza ratones.
Moraleja:
El trabajo social no tiene horario... ni siquiera cuando estás tratando de comer en paz. Pero ¡hey!, sí corres con suerte al menos te guardan postre... el que preparó tu tía.

.jpeg)

.jpeg)



e