Mostrando entradas con la etiqueta personalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personalidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de septiembre de 2015

¿Por qué leer es bueno? ¿Por qué no leer es malo?


Diferentes preguntas pero igual respuesta.

Leer es algo que hacemos todos los días querámoslo o no. Desde ver un anuncio comercial, un nombre de calle, la ruta de un autobús, etc. Y lo hacemos incluso inconscientemente. Por ejemplo al ver una película subtitulada.

Una vez que aprendemos a leer la lectura está presente en todo momento. ¿Y entonces qué pasa que no leemos más?


Los que no saben leer ni escribir bien, luchan contra el mundo. Desde poder leer o escribir una solicitud de empleo, una carta de amor, comprender instructivos y manuales, etc. Y si hablamos del crecimiento personal  se agrava aún más la situación.

Se han hecho estudios donde se ha demostrado que la lectura ayuda a formar mejores relaciones interpersonales, alivia los riesgos y síntomas de la depresión y la demencia y puede mejorar el bienestar en general. Permite una mejor comunicación entre padres e hijos, así como una mayor comprensión de otras culturas.

Reduce el estrés. ¿Problemas en el trabajo? ¿Una relación problemática? Mmm… ¿Qué tal si tomas una novela o un libro de ficción y dejas que tu mente se pierda en esa lectura y te ayude a recuperarse de la locura cotidiana? Inténtalo, nada se pierde.

¿Quieres ir a otros mundos? La lectura te hace conocer lugares y situaciones que tal vez jamás conocerás en tu vida. Cuando lees un libro de tu agrado te genera una adicción y no quieres parar de leer.

Si quieres construir, repara o modificar algo recurre a un libro, allí puedes aprender desde cómo hacer fuego hasta como construir una casa.

¿Y que pasa cuando has leído un libro en cual se basa una película? pasa que cuando la
ves te das cuenta de la enorme cantidad de detalles e incluso cambios a la historia que no aparecen en la película pero si en el libro, haciéndolo más interesante.

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “Un libro no se juzga por su portada”? Y efectivamente el interior es algo totalmente diferente a lo imaginamos.



¿Tienes una mala ortografía y quieres corregirla? Fácil solución: lee.

Al leer, poco a poco iras reconociendo los errores de forma automática. Cuando leas algo que esté mal escrito una vocecita dentro de ti te va a decir: “Alto… sospecho que algo anda mal por aquí…¨ o “esa palabra no me late”. Y si, tu cerebro buscará rápidamente en su diccionario para avisarte que efectivamente está mal esa palabra.





La lectura es un deporte para el cerebro, nos ejercitamos al leer ya que simula los acontecimientos ficticios, las acciones de los personajes y a los mismos personajes. Se ha demostrado por medio de estudios que las personas que leen mucho permanecen más tiempo en forma mental y  muestran síntomas poco comunes de demencia o de la enfermedad del  Alzheimer.

En fin, son muchos los beneficios de una buena lectura.

Así que toma un libro y ¡a leer! .



Por cierto… en los libros no hay anuncios comerciales.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¡Atrevete!


¿Por qué no atrevernos a hacer cosas nuevas?
A descubrir lo que nos inquieta,
adentrarnos a lo desconocido,
lo más que nos puede pasar,
es quedarnos igual o descubrir que nuestra
capacidad por lo nuevo no tiene límites.

Tenemos tanto miedo en descubrir cosas diferentes que hacer, que nos conformamos con lo que tenemos, pero, realmente ¿nos hace feliz?, ¿nos llena de gozo vivir de esa manera?. Muchas veces se nos presentan oportunidades, que desaprovechamos y luego nos lamentamos no haberlas tomado. Cuantas veces nos decimos  “si hubiera…”, en realidad debemos decidir de una vez por todas lo que queremos de nuestra vida, tener un objetivo, es decir, saber lo que de ahora en adelante haremos, para encontrar lo que buscamos y así, descubrir lo que moverá nuestro mundo a partir de hoy.


¡Saludos!


martes, 11 de noviembre de 2014

Cargando un venado



Cargando un venado


Recordaba que hace tiempo leí una historia sobre una pareja que vivía en el campo, y hoy leyendo una noticia la recordé.

La historia comienza con un hombre que se encuentra a la orilla de un camino casi a punto de soltar el llanto. Cuando lo ve su compadre decide acercase a él. El compadre le pregunta que por qué se encuentra en ese estado de ánimo tan deprimido, el hombre le dice que ya no aguanta más, que si regresa a su casa sería capaz de matar a su mujer, que ya se encuentra en las últimas de su desesperación; a lo que el compadre le pidió que le contara su problema para ver si lo podía ayudar a encontrar una solución y evitar que cometiera semejante atrocidad, así que el hombre le platicó.

Comienza con su historia diciéndole que ellos son una familia humilde, que él tiene que salir seguido a cazar un venado para que puedan tener comida en casa. Para poder conseguirlo, él tiene que ausentarse varios días, pasar por caminos peligrosos, cuidarse de los animales, soportar picaduras de los insectos en el camino, garrapatas que lo muerden, soportar sed, hambre y dormir en la noche con frío y solo. Cuando logra cazar al venado después de varios días, tiene que regresar cargándolo en peores condiciones que cuando parte de casa, pues ya está cansado, lastimado y con ganas de estar de regreso.

En cuanto vuelve a casa, su esposa no tarda mucho en comenzar a repartir, como siempre, cada pieza del animal, se lo da a su madre, a la vecina, al tío, etc. Y a él que tanto le costó llevar el venado a casa y ella sin más lo regalaba. 

Le dijo al compadre que eso ya no estaba para aguantarse, que no sabía qué hacer. El compadre, después de meditar un poco lo que el hombre le platicó, le dijo que, en lugar de querer matarla o hacerle daño, mejor la invitara a cazar un venado en su próxima salida, pero que no le advirtiera en las condiciones en las que irían, lo difícil del camino y los inconvenientes del viaje, y que la invitara platicándole de forma bonita el escenario del paseo. 

Le sugirió que le comentara que si lo acompañaba, podría ver las flores en el camino, ver como su rostro se reflejaría en el agua del rio, que podría disfrutar de la noche con el manto de las estrellas, etc. En fin, que le pintara el viaje bellísmo.

En efecto, la mujer no dudó en ponerse una falda larga  y partió con su marido a un viaje de caza. No tardó ni un día de viaje y la mujer ya estaba cansada. Tenía su falda desgarrada por las espinas en el camino, por lo que se le hizo corta; sus piernas lastimadas, con picaduras de los insectos, mordeduras de algunos animalito, etc. Y así pasaron los días hasta que por fin su marido logró cazar un venado, ella, por supuesto, no podía dar crédito de lo agotada y maltratada que ya estaba. Su marido le dijo que ahora, ya que regresaban, cargara al venado. 

Ella lo llevaría a casa. La mujer no podía creer lo que le estaba pidiendo el marido, pero por la mirada seria que le dio, cargó sin replicar al venado de regreso.

Llegando a casa, lo primero que hizo la esposa fue aventar al venado en la sala, tumbarse en una silla y descansar. De repente, entró su pequeño hijo para informarle que ya estaban esperando la tía, el vecino y la mamá de su amiguito para que les diera la parte del venado, que, como siempre, ella repartía.

No terminaba aún su hijo de decirle todo cuando lo calló y le dijo que les dijera a la tía, al vecino y a la mamá del amiguito que se fueran, que no les tocaría nada, que le costó mucho trabajo, tiempo y esfuerzo poder traer ese venado a su casa como para reglarlo así nada más, que ya no lo haría más.

Este viaje de caza que hizo con su marido, hizo que comprendiera, sufriendo en carne propia, lo que le costaba a su esposo llevar el alimento para su familia, y hasta entonces valoró el trabajo de su esposo, que cada que salía a cazar tenía que cargar su venado de vuelta.

Después de leer esta historia hemos de entender y valorar el trabajo de los demás.

Pero sólo sabremos valorarlo cuando por nuestro esfuerzo y trabajo hayamos adquirido lo que tenemos.

Valoremos a esos hombres y mujeres que diariamente cargan su propio venado.


¡Qué tengas bonito día!

lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Por qué es importante pertenecer al Colegio de Trabajadores Sociales?

¿Por qué es importante pertenecer al Colegio de Trabajadores Sociales?


Yo me pregunto...  ¿porqué habiendo muchos trabajadores sociales, pocos son lo que están colegiados?, ¿es posible que ignoremos el objetivo de los Colegios?, ¿qué pensemos que no sirven de nada y creer que ir a esas juntas nos quitan el tiempo?, etc.

Aunque lo primero que deberíamos preguntar es: ¿Qué son los colegios de profesionistas?

Los colegios de profesionistas son grupos de personas que practican profesiones similares y que se reunen para desarrollar sus habilidades asi como para vigilar que los profesionistas de su giro cumplan con las normas éticas y de esta manera permitan la protección de malas prácticas profesionales en contra de la sociedad y a su vez de la sociedad contra los profesionistas. Orienta y asesora a las organizaciones civiles y de gobierno cuando es requerido. Y también funciona para que la sociedad este atenta del buen desempeño de la profesión.

Y tu cuando te apuntas
Por lo que  colegiarte,  te da la oportunidad de conocer a otras personas con tu mismo interés profesional, conocer de viva voz el trabajo que realizan en otros campos en los que se desenvuelven, intercambiar experiencias y aprender de ellas; además el colegio ayuda a los intereses y necesidades de los trabajadores sociales para lograr el reconocimiento en los diferentes campos donde se desarrollan sus integrantes.

Y tambien te da el prestigio de pertenecer a un grupo además de darte un mejor status social.

Investiga en dónde se reúne el Colegio de Trabajo Social de tu ciudad y acércate para conocerlo.



                                                 ¡Saludos¡


jueves, 30 de octubre de 2014

¿Realmente qué necesitas para ser feliz?

¿Realmente qué necesitas para ser feliz?

¿What do you need to be happy?
¿Another language? Please use the translator om top


Hace algunos años,  unas amigas y yo nos dimos a la tarea de acudir a una comunidad cerca de la ciudad de Guadalajara para conocer las necesidades más apremiantes de ahí.

Todas éramos trabajadoras sociales y ya sabrán, en cada rincón nos asomábamos observando los detalles de cada familia. Fue muy conmovedor cuando dos de nosotras llegamos a una casa que se nos hizo muy peculiar; era una construcción no común, esa casa era muy pequeña. Al tocar la puerta, salió una mujer sentada en una tabla con ruedas, enseguida se acercó un hombre de estatura pequeña. Al presentarnos con ellos inmediatamente nos invitaron a pasar a su casa, nos dijeron que nadie tocaba a su puerta porque en esa comunidad los rechazaban.

Aceptamos su invitación y pasamos a su casa. Generalmente las casas de un piso miden cerca de los 2.40 metros de altura en su interior, ésta habrá medido aproximadamente 1.50 metros, era realmente pequeña,  tanto que tuvimos que agacharnos para entrar. Nos sentamos en unos cojines que estaban en el suelo, la casa tenía sólo piso de cemento, casi no tenían muebles; recuerdo una  mesa, una pequeña estufa, un refrigerador pequeño  dos camas.

El señor nos contó que su esposa lo había dejado cuando  a su hija le dio poliomielitis de niña y no quiso cuidarla. Al momento de nuestra visita, la hija tenía ya 30 años y desde niña el padre se hizo cargo de ella, no la abandonó en ningún momento. Con esfuerzo, dedicación y como pudo construyó la casita para los dos y le hizo su transporte para que ya no tuviera que arrastrarse cuando quisiera  ir de un lugar a otro.

Les preguntamos que cuál era la necesidad que tenían más apremiante en ese momento, aún cuando con nuestro criterio y forma de ver la vida sabíamos  que prácticamente en todos los aspectos de su vida tendrían necesidades. La sorpresa fue su respuesta, nos dijeron: “no necesitamos nada, somos felices: tenemos un techo, ropa qué ponernos y un plato caliente a diario, pero sobre todo, nos tenemos el uno al otro”. La hija agregó: “cuando mi padre enferma  yo lo cuido y cuando yo enfermo él me cuida”. “¿Qué podemos necesitar que ustedes nos puedan dar?”, preguntó el padre.

Lo único que se me ocurrió fue decirles que si una silla de ruedas serviría de algo, se la donaríamos, y como era de esperarse, me dijeron que no me molestara, que no hacía falta, pero que si tenía una por ahí usada que nadie quisiera la aceptaría para su hija, para que se cansara menos.

Para entonces yo pertenecía a un club en donde la misión principal era ayudar a personas en extrema necesidad. Llevé el caso a la junta que tocaba esa semana, todos se conmovieron con el caso  y decidimos realizar una actividad económica para comprarle a la hija una silla de ruedas, con la que pudiera moverse digna y cómodamente. Preparamos todo para realizar una fiesta entre amigos: pasamos la voz, cooperamos por la causa, y fue tal el éxito que en menos de un mes habíamos comprado ya la silla de ruedas y pudimos comprar una buena despensa de productos básicos, mismas que de inmediato fueron entregadas.

Cuando recibieron la silla de ruedas y la despensa agradecieron la donación que habíamos hecho, a la hija le ayudamos a sentarse en ella y nos dijo: “Gracias, sólo mi padre había hecho algo por mí, hasta hoy que ustedes me regalan esta silla.

Con sinceridad, después de de haber estado con ellos y haber platicado, quedé impactada al saber su historia, y no sólo eso, me sorprendió que a pesar de sus carencias eran felices, ¡caray!, no cabe duda que la felicidad es un estado de ánimo que depende de cómo veamos la vida. Creemos necesitar cosas banales y en realidad lo que necesitamos suele estar frente a nosotros. Al ver este caso aprendí que los valores que tenemos algunas veces están distorsionados; nos ha llevado a no ver lo importante de la vida, el amor al prójimo,  “vivir para estar bien, no estar bien para vivir”, y lo que quiero decir con “estar bien”  es a tener “cosas” que en realidad no necesitamos.



¡Saludos!




miércoles, 29 de octubre de 2014

El sentido del humor (Sense of humor)

El sentido del humor
Sense of humor
 ¿Another language? Please use the side translator

¿Te has fijado que las personas cuando ríen mucho,  en sus ojos se ve un brillo y su cara tiene gestos de felicidad y armonía?

La realidad es que el sentido del humor es un ingrediente básico en nuestro día a día, es el toque que le da esos momentos de felicidad  a nuestra vida.

Cuando reímos por cosas graciosas, simples, que todos los días nos pasan,  simplemente por reír, nos da alegría en nuestro corazón y la verdad es que en la mayoría de los casos contagiamos a otras  personas.

Esa sonrisa que tenemos a diario nos ayuda a minimizar la tensión, las preocupaciones, las cosas que nos hacen estar serios a cada momento.

¿Te imaginas que aparte de estar tensionados y preocupados   todos los días también nos faltara el sentido del humor? Es claro que la amargura viviría con nosotros a diario y en definitivo no seríamos felices.


En resumen, creo que si todos los días expresamos con risa los momentos simpáticos que nos acontecen, nos servirá de terapia, liberaremos tensión, nos relajará, no nos costará nada, no le haremos daño a nadie y sí podemos contagiar a los que se encuentren cerca de nosotros.

 Te propongo que de hoy en adelante tengamos más sentido del humor, verás que la vida se nos llenará de tantos momentos felices que las preocupaciones en su mayoría pasarán casi desapercibidas,  además estoy segura que siempre serás buena compañía de quien estés cerca.







¡Saludos!

lunes, 27 de octubre de 2014

¿Profesión por el destino?



¿Profesión por el destino?

¿Profession by fate? 
(¿another language? please use translator widget on side)

Hola, estaba leyendo un artículo sobre cómo disfrutar la profesión que elegimos y recordé que cuando estaba joven mi mayor ilusión era ser abogada, siempre me soñé con estar defendiendo a las personas que injustamente eran tratadas.

Desde chica me desenvolví en ambientes en donde el objetivo principal era ayudar a los demás. Recuerdo que antes de elegir la profesión que ahora ejerzo (Lic. Trabajo Social) recorrí un par de carreras más porque que en la ciudad donde vivía no existía la licenciatura en derecho

y mis padres no permitieron que dejara de estudiar. Las carreras a las que entré no tenían nada que ver con ser abogado ni ayudar a la gente, pero algo tenía que hacer.

Por fin hubo un cambio de ciudad, pues a mi padre lo movían constantemente, y adonde nos fuimos mi familia y yo, la universidad de ahí sí contaba con la carrera que tanto anhelaba: Lic. en Derecho. No sé si fue la suerte o que llegaba de otro estado o que había pasado año y medio desde que salí de la preparatoria o que hacer la mudanza no me permitió estudiar lo suficiente, etc., tampoco quiero pensar ya en cuál fue el motivo, lo que sí, es que no quedé en la universidad. Así que mis padres me pusieron a trabajar. Pasó un año y yo ya estaba resignada a no seguir estudiando; me dedicaría a trabajar.

Un día mis padres me invitaron a acompañar a mi hermana menor a Guadalajara, ya que ella ingresaría en aquella bella ciudad a la universidad, y acepté. Total, pensé, un paseo no me hace mal. Acompañé a mi madre y a mi hermana y mientras esperaba a que ellas entraran a una entrevista vi un letrero que decía “información” arriba de un kiosco con trípticos de todas las carreras ofrecidas. Comencé a revisarlas, claro fue que el primer tríptico que tomé fue el de la carrera de derecho, sólo pensaba en lo bonito que hubiera sido haber estudiado esa carrera pero, como ya me había decidido a trabajar, no pensaba siquiera en intentar entrar a esa universidad. Recuerdo que dejé el tríptico y tomé al azar otro, el cual comencé a leer; y no me van a creer, pero cada palabra que estaba escrita sobre el perfil de un profesionista en trabajo social era la descripción de mí. Me acaparó tanto lo que decía que continué leyendo sobre el campo de acción de un trabajador social. En ese momento lo único que pensé fue que había encontrado lo que realmente quería ser: Licenciada en Trabajo Social, ya ni siquiera pasó por mi mente la carrera de derecho, sólo me acerqué a mi madre en cuanto salió de la entrevista y le solicité la oportunidad de  entrar a esa carrera.


Cuando le mencioné mi interés de regresar a la escuela sólo vi sus ojos brillantes; estaba gustosa de saberlo, inmediatamente hizo todos los trámites para que yo ingresara a esa universidad. Yo pensé en lo previsora que era mi madre al llevar mis documentos, ¡así era ella!, hasta que me percaté que realmente no fui a dar un paseo: mis padres lo habían hecho a propósito pues su intención era que me interesara de nuevo en el estudio. Estoy segura que fui porque en esa escuela encontraría el complemento a mi estilo de vida.
Debo decir que a pesar de que la abogacía es una carrera que me encanta, el trabajo social me apasiona; soy feliz ayudando a la gente y de una u otra forma lo he hecho siempre.

Ahora puedo decir que el tiempo ha sido siempre mi mejor consejero y que por algo las cosas así se dieron. Tuvieron que pasar tres años para que pudiera conocer la profesión que me ha complementado hasta hoy.

Sé que no soy perfecta, pero soy una orgullosa trabajadora social.


¡Saludos!

sábado, 25 de octubre de 2014

Como le afecta a un entrevistado su personalidad


Como le afecta a un entrevistado su personalidad. 

Hace un par de semanas, me tocó realizar una entrevista a una chica que había solicitado el puesto de vendedora a una empresa de productos lácteos y, como siempre, llegué en tiempo y forma a nuestra cita. Cada que voy a entrevistar a algún candidato llevo en mi mente el tipo de persona con la que me podría topar, de acuerdo al perfil que deba cumplir para el empleo que esté solicitando. Esta visita domiciliaria no fue la excepción.

Por lo regular un vendedor es de carácter firme y muchas veces fuerte, así que me imaginé a una mujer  con características similares.

Desde que la persona me abrió la puerta de su domicilio la impresión que me causó fue todo lo contrario: su saludo fue en voz baja y su actitud corporal me dio la impresión de que era una persona insegura, en fin, continué con mi cita.

Toda la entrevista desde su inicio hasta el final, la actitud verbal y corporal de la entrevistada fue la misma, así que cuando la entrevista llegó al clímax, quise saber más sobre su personalidad y me adentré a más preguntas, pues aunque nosotros no emitimos juicios, no quería equivocarme al momento de dar mi opinión a la empresa.

Ella mencionó tener variados estados de ánimo de manera recurrente, a veces amanecía sintiéndose la mejor y más bonita mujer del mundo y en ocasiones la más fea y mala del mundo. Fue así, durante la charla, que me percaté que ella no estaba bien
emocionalmente. Comentó que el día que se entrevistó con el departamento de personal de la empresa contratante ella se sentía positiva y segura de sí misma. Mencionó que desde pequeña su madre le decía cosas negativas de su persona y que cuando su madre la abandonó la dieron al cuidado de una familia muy amorosa, quienes siempre le decían cosas positivas. Pesaba tanto la educación que le dio su madre que a cada momento ella se auto-reprobaba, pues creía que no tenía valor como ser humano y se lo creía, siempre estaba confundida.

Desafortunadamente ella ya traía un problema arrastrando desde niña,  que no había atendido y eso le provocaba inseguridad constante.

La experiencia que tuve con la candidata me enseñó lo importante que es que nos valoremos. Día a día debemos ver lo positivo que tenemos, lo que veamos negativo hagámoslo a un lado cambiándolo por actitudes que nos levanten el ánimo. La auto-reprobación sólo nos lleva a deprimirnos y a sentir que no valemos como seres humanos.

Nosotros como trabajadores sociales no emitimos un juicio precisamente, pero sí damos nuestra opinión con respecto al candidato, y estaba claro que para el perfil de un vendedor ella no lo cumplía.



¡Saludos!